Escapada Nápoles

Nápoles, Nápoles (Italia_es)

Tenía que reconciliarme con Nápoles. La primera vez que fui no encajamos nada. No fui capaz de encontrarle el encanto por ninguna parte. Lo vi sucio e, incluso, pasé miedo. Pero demasiada gente de mi alrededor me hablaban maravillas y eso siempre me hacía creer que la reconciliación llegaría tarde o temprano.

Dos días enteros fueron suficientes para que volviera fascinada.

El centro histórico de Nápoles está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y decidí vivirlo con la cámara en la mano y unas buenas zapatillas. Sin prisa.

Comienzo la ruta en la Via Vicaría Vecchia que es la calle de acceso a la Forcella, una de las zonas míticas del centro y que fue relevante para la mafia napolitana. Mucha vida, calles estrechas, gente gritando, ropa tendida… todo más o menos previsible, excepto el Mural di San Gennaro. Grandioso homenaje al patrón de la ciudad que, sinceramente, me sorprendió mucho: los edificios del lado están visiblemente decadentes, mientras que el mural está impecablemente cuidado.



Giro en la calle Vico dei Zuroli para llegar a la famosísima Via dei Tribunali. Allí mismo hay una plaza con el Obelisco di San Gennaro. Es un obelisco que fecha de 1.636, de construcción barroca y que se construyó para agradecer al santo la protección que dio en Nápoles durante la erupción del Vesubio en el 1631. Justo delante está el Pio Monte della Misericordia donde se esconde una de las obras maestras de Caravaggio. Le encargaron pintar las Sette opere di Misericordia en el 1606… y allí está el cuadro: presidiendo el altar!

Tiro para atrás en Via dei Tribunal hasta Via Duomo para poder disfrutar de la impresionante Catedral de Nápoles (Duomo). Es el principal lugar de culto de la ciudad. Dicen que antiguamente en esa misma ubicación había un templo dedicado a Apolo. No olvidéis levantar la cabeza y mirar el techo! Impresionante. Vale la pena hacer la cola para visitar la Capilla del Tesoro, donde se encuentra el busto de San Gennaro, junto con otras 51 estatuas más y cápsulas con sangre del santo.

Vuelvo a coger Via dei Tribunal (está claro que es una arteria de la ciudad) hasta llegar a la Piazza San Gaetano. A un lado, está la iglesia de San Paolo Maggiore y, en el otro, La Neapolis Sotterrata. Es fascinante como cualquier iglesia en Nápoles tiene una belleza indescriptible. Lo digo por San Paolo, por ejemplo. Desde fuera es una iglesia normal y, una vez estás dentro, es alucinante. De la Nápoles subterránea, debo decir que es un destino muy recomendado y que me decepcionó bastante. Es interesante porque es el antiguo laberinto de acueductos y cisternas de Nápoles, pero yo recomiendo mucho más visitar Pompeya o Ercolano que son realmente impresionantes y tienen mucha más historia detrás.

Es el momento de coger fuerzas y nada mejor que hacerlo en la que es considerada la mejor pizzería del mundo: Sorbillo. La reconoceréis rápido por las largas colas que se hacen en la puerta. Perderéis al menos una hora, pero vale la pena. Es una de las pocas turistadas que vale la pena hacer!

Sigo el recorrido. Mi objetivo es el Monastero Santa Chiara, pero por el camino me encuentro la Piazza di San Domenico Maggiore de la que destaco el magnífico obelisco que hay en el medio. Del monasterio sólo puedo decir que es obligatorio visitarlo. Independientemente de su valor histórico-cultural, su plato fuerte es el claustro. Deja a cualquiera fuera de juego. Las columnas del patio están decoradas con mayólicas y las paredes con frescos del siglo XVII. Es un espectáculo! Desconozco la veracidad de la información, pero se dice que es el único del mundo con mayólicas.

Aprovecho para visitar la Piazza Gesu Nuovo con su impresionante Chiesa Gesu Nuovo. Su fachada es, en realidad, la fachada del Palazzo Sanseverino del siglo XV El interior es barroco y de una belleza que no soy capaz de describir. Esta es una de las iglesias que más me gustó. No olvidéis volver a levantar la cabeza para observar el techo!

Vuelvo para atrás en Via Benedetto Croce para acercarme al Museo Capilla Sansevero que es donde está el famoso Cristo Velato. Mentalizaros de que deberéis hacer mucha cola; pero, una vez más, ya veréis como vale la pena. En la capilla hay más maravillas a parte de esta como esculturas de valor incalculable y frescos que dejan sin respiración, pero la obra de Giuseppe Sanmartino es indescriptible.

Decido alejarme del centro histórico para adentrarme al auténtico Quarteri Spagnoli, que está en el suroeste y muy cerca a pie. Es el barrio que surgió en el siglo XVI, durante la denominación española de Nápoles, para acoger a las tropas españolas destinadas a la represión de las posibles revueltas napolitanas. Siempre ha tenido muy mala reputación por la alta prostitución y criminalidad. A día de hoy y, por mi experiencia, pasear es una experiencia fascinante. Calles estrechas, ropa tendida, trattorias ruidosas, locales progresistas… vaya… es la auténtica Nápoles. Mucha gente dice que el mercado de Pignasecca (mercado de la calle más antiguo de la ciudad) es de visita obligada. Yo lo enganché cerrado.

Al sur del Quarteri Spagnoli está la Galleria Umberto. Es una impresionante unión de fachadas neorenacentista con una cúpula de cristal que deja sin respiración y un lujoso suelo de mármol. Hay que verla de día y de noche. Sigo el recorrido hacia el Castel Nuovo, que es uno de los lugares más emblemáticos y más fotografiados de la ciudad, pero no me paro. Tengo prisa por llegar a la Piazza del Plebiscito con su majestuoso Palazzo Reale.

Conseguí alejarme del bullicioso y ruidoso Nápoles caminando el Lungomare. Es el frente marítimo formado por Via Partenope y Via Francesco Carrociolo (uno es la continuación del otro). Un paseo peatonal muy tranquilo. Son 2 kilómetros y medio con hoteles y casas lujosas en un lado y el mar al otro. La parte final de Via Partenope, justo antes de llegar a la Piazza Vitoria, hay muchos restaurantes (turísticos) con vistas. En este paseo se puede disfrutar de vistas a todo el golfo de Nápoles y se ve, incluso, Capri.

Mucha vida e infinita riqueza cultural. Definitivamente, hice más que las paces con la ciudad. De hecho, ahora ya puedo decir que “del amor al odio hay un solo paso”, pero al revés.

Duración
Un par de días se me quedaron justos. Tres sería ideal.
Niños
Sin problema, pero puede ser un poco cansado para ellos por el alto volumen de iglesias a visitar.

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