Escapada Costa Amalfitana

Costa Amalfitana, Nápoles (Italia_es)

La Costa Amalfitana es un destino que he tenido entre ceja y ceja desde que vi la película “Bajo el sol de la Toscana”. Me enamoré de las imágenes de Positano y me prometí que algún día iría.

Con casi una semana (de primavera) por delante, tenía que cumplir con tres retos: hacer las paces con Nápoles, superar la “Casa dello Scheletro” de Ercolano y confirmar si había idolatrado de manera justa la Costa Amalfitana.

Decidí alojarme en el hotel “Le Fioriere” en Praiano porque cumplía los requisitos que necesitaba: vistas dobles a Positano y a Capri, buena relación calidad-precio y una ubicación perfecta. El hecho de que esté a medio camino entre Positano y Amalfi me ayudó a organizarme la visita.

Ir a la Costa Amalfitana y alojarse en un hotel sin vistas es un pecado. La verticalidad de la costa con los pueblos y casas esparcidas regala un escenario visual indescriptible. Y la verdad es que las vistas de este hotel son fantásticas.

En Praiano lo primero que se debe visitar es la Piazza San Gennaro con su imponente Parrocchia di San Gennaro. La plaza es grande y se respira mucha tranquilidad. Niños jugando al fútbol (con mucha calma) y los grandes tomando un helado sentados en las esquinas. Contrariamente a lo que me esperaba, todo el mundo habla en voz baja. Me hubiera pasado horas sentada observando el talante de aquella gente. La iglesia me sorprendió mucho. Está impecablemente restaurada y tiene dos cúpulas que se hacen mirar, pues parece que estén recubiertas de cerámica. No tuve la suerte de encontrarla abierta. Quería entrar porque me dijeron que el suelo del interior es de cerámica y es precioso. Otro día será.

De la misma plaza sale un camino hacia la playa Lido One Fire Beach. Hay un cartel que indica “Alla Spiaggia”. Para que no digáis que no os he avisado: el camino es todo de escaleras. Todo el mundo sabe que la Costa Amalfitana es vertical, ¿verdad? Pues aquí se pone en evidencia. La bajada es relativamente fácil, pero la vuelta es dura. Otra advertencia: no esperéis una playa de arena. Es una plataforma de cemento con tumbonas y sombrillas. Sinceramente, me llevé una decepción. Mirando hacia el mar a mano derecha hay una rampa con barquitas de colores, una pared de roca enorme y los pinos que llegan hasta el agua. Este escenario me gustó mucho más.

Para comer, la verdad es que no busqué ni pregunté nada a nadie. Iba caminando y, de repente, vi un restaurante minúsculo con una terraza peculiar. Su nombre “Che Bonta” todavía me picó más la curiosidad. Estaba lleno de gente y ubicado muy cerca del hotel. La pasta con almejas estaba deliciosa, pero lo de los postres no puedo explicarlo. El semifreddo, como un pastel helado, me fascinó tanto que fui a buscarlo todas las noches que estuve en la Costa Amalfitana.

Una de las visitas obligadas es Ravello. Tiene una sola cosa por la que ya vale la pena la visita: la famosísima Terrazza dell’Infinito. Muy fotografiada y publicada en todas las redes en miles de ocasiones. Nada más llegar a Ravello, se debe visitar la Piazza Duomo y la Piazza Centrale. Están una al lado de la otra; de hecho, no hay separación entre ellas. Aquí hay poco que hacer: ver la Catedral y disfrutar de alguna de las terrazas. Se está bien, pero tampoco hay más que ver. Desde esta plaza hay que ir hacia Villa Cimbrone. El camino es brutal. Calles estrechas que pasan entre casas históricas con paredes de piedra y que dejan ver, de vez en cuando, tanto la vertical montaña como la maravillosa Costa Amalfitana. Villa Cimbrone la reconoceréis enseguida. Es un hotel de 5 estrellas que ha mantenido la arquitectura original del siglo XII. Es una obligación pagar los 7 € de acceso al hotel para poder disfrutar de sus amplios jardines y vistas de infarto de la Terrazza dell’Infinito. Lo primero que se encontraréis es un pequeño claustro precioso del siglo XVI; pero os aseguro que el resto de los jardines y el mismo camino es brutal. Haced una parada en la cripta… me encantó! Caminar por la avenida de la inmensidad y acabar con las vistas desde la Terrazza ya valen el precio de la entrada. Está formada por una serie de bustos de mármol blanco que destacan sobre el fondo azul del cielo o del mar.



Saliendo de Ravello y en dirección a Castiglione, la carretera regala unas vistas preciosas de los restos de la Basílica Sant’Eustachio. De Castiglione sólo hay que ver la spiaggia. No os voy a engañar, sólo bajé del coche para hacer la foto porque me pareció bonita la verticalidad de la pared de piedra de la playa. Nada más.

En Amalfi me llevé una decepción. Claro que es bonito; pero no tanto como esperaba. Enganché un día bastante gris y, la verdad, es que no me lució demasiado. La playa con el pueblo y la montaña de detrás dibujan un escenario entrañable pero nada más. Lo que vale más la pena son las vistas que hay, desde la misma carretera, a Bagni Mar Di Cobalto (la spiaggia). No sé… como le da el nombre a la costa, pensaba que sería mucho más espectacular.

Dejé Amalfi y me dirigí hacia la Grotta dello Smeraldo. Me habían hablado muy bien y me apetecía verla. Llegué al mediodía y estaba cerrado! No había ningún cartel con el horario y dos parejas de turistas que estaban como yo tampoco sabían qué pasaba. Al lado hay una tienda para turistas. Me acerqué para preguntar y tampoco supieron darme ninguna explicación. Pero ese lugar llamó mi atención… tenía un restaurante llamado “Calajanara” con unas vistas maravillosas! Su cocina es sencilla y la terraza no tiene ningún lujo, pero disfruté de una comida con un paisaje inigualable.

La siguiente parada no puede ser otra que el Fiordo di Furore. Un clásico de la zona. Es uno de los lugares más fotografiados y, sinceramente, es tan curioso que merece ser visitado. La visita al Fiordo me hizo dar cuenta de lo complicadas que son las carreteras de la Costa Amalfitana. Son estrechas y no hay ningún entrante para poder aparcar el coche. Desconozco cómo lo hacen en temporada alta; pero yo fui un Mayo y me sorprendió la tranquilidad de la gente local en dejar el coche ocupando media carretera. Yo no me quedé tranquila y hice la visita en pocos minutos. Es una playa pequeña que está en un entrante entre rocas; pero lo más curioso es que justo en la entrada está el puente por donde pasa la carretera. Es un escenario maravilloso que recomiendo ver con calma (la calma que yo no tuve y que tal vez se puede tener si se va en autobús). Me han dicho que durante el 2019 el acceso ha sido cerrado. La verdad es que es una pena porque me encantó! Se accede por unas largas escaleras que salen de un lado del puente.

Dejé Positano para el final. Es el pueblo que me enamoró en la película “Bajo el sol de la Toscana” y era el motivo por el que hacía la escapada a la Costa Amalfitana. Merecía visitarlo con calma y dedicación. La experiencia que tuve visitando el Fiordo, hizo que fuera a Positano en autobús. Pasé miedo por la velocidad que cogió el conductor en aquella carretera tan estrecha y llena de curvas, pero valió la pena. 1,30 € y cero preocupaciones. Es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y, para mí, es el pueblo más bonito de la costa (también es el más turístico). No es un pueblo cómodo, es muy vertical y está lleno de escaleras. Las casas de colores pintan un escenario precioso con el mar a sus pies. La calle principal que cruza todo el pueblo por la parte de arriba está llena de tiendas monísimas. La paseé sin prisa entrando y saliendo a casi todas y, para rematar la visita, entré en la famosa pastelería “La Zagara“. Brutal! Al igual de brutal que la cúpula de la iglesia de Santa Maria Assunta. Los colores verde y amarillo me parecieron fascinantes. Es imprescindible bajar hasta la playa para ver el pueblo desde la mejor perspectiva. No os vayáis sin comer espaguetis con almejas y sin degustar el limoncello.

Esta visita me hizo decir: otro sueño y los tres retos cumplidos!

Duración
La visita puede ser todo lo larga que uno quiera.
Las excursiones en barca o las rutas de senderismo no se acaban!
Niños
Sin problema.
Animals
Sin problema.

Comentaris

  • (no serà publicat)